Cualquier persona que solicite una visa de inmigrante fuera de Estados Unidos podría verse afectada por la suspensión, apuntaron los expertos, principalmente quienes desean ingresar por motivos familiares, incluidos padres, cónyuges, hijos o hermanos de ciudadanos estadounidenses.
El gobierno del presidente Donald Trump ha centrado gran parte de su ofensiva migratoria en personas que ingresaron sin autorización a Estados Unidos desde México y otros lugares, pero ahora está intensificando otra batalla: esta vez contra quienes llegan legalmente.
El Departamento de Estado ha suspendido todas las solicitudes de visas de inmigrante, y le ha informado a sus funcionarios consulares en todo el mundo sobre una nueva política que pretende impedir la entrada de personas consideradas una carga potencial para las arcas públicas.
El gobierno también se prepara para revocar las visas de negocios y turismo de hasta 200,000 extranjeros que solicitaron asilo, una medida que fue dada a conocer esta semana por The Associated Press. Se trataría de la mayor revocación masiva de visas en la historia de Estados Unidos, y probablemente enfrentaría impugnaciones jurídicas.
“Lo que tienen en común es una filosofía general de que la inmigración es perjudicial para Estados Unidos, y que el gobierno de Trump examina todas las formas posibles de restringir nuestro sistema migratorio para permitir la entrada de menos personas”, expresó Julia Gelatt, directora adjunta del programa de política migratoria de Estados Unidos en el Migration Policy Institute, un organismo de investigación enfocado en mejorar las políticas de inmigración.