El Cipitío es ese niño travieso del imaginario salvadoreño que, según cuentan los abuelos, nunca crece y tiene los pies al revés.
El folclorista Esteban Cruz explicó que estas leyendas, mitos y tradiciones forman parte del folclor y se transmiten de generación en generación.
Según el relato, el Cipitío es producto del nacimiento de la Ciguanaba y fue condenado a permanecer en su niñez.
Come ceniza, hace travesuras en el río y le gustan las muchachas bonitas, pero no es un susto, sino una travesura.
La Carreta Chillona, por su parte, se asocia a una epidemia de cólera ocurrida entre 1836 y 1839, cuando las carretas recogían los cadáveres.