Los hogares salvadoreños receptores de remesas viven en general mejor que aquellos que no reciben estas ayudas: tienen menos deficiencias en la vivienda, alcanzan un nivel superior de estudios y acumulan más activos, concluye una investigación del Banco Central de Reserva (BCR).
El estudio revisa cómo la migración está estrechamente vinculada a la llegada de remesas, y cómo estas a su vez se convierten en una red de protección social privada y de sustento para las familias.
Para esto, el BCR utilizó el modelo de emparejamiento por puntaje de propensión (PSM, por sus siglas en inglés), con el cual buscó identificar las principales diferencias entre los hogares que reciben remesas y aquellos que no en aspectos como vivienda, acumulación de activos, inversión en educación y participación laboral. Para esta investigación, se utilizaron los resultados del Censo de Población 2024 y de la Encuesta de Hogares de Propósitos Múltiples (EHPM).
De acuerdo con los resultados, los hogares que reciben remesas reducen en promedio una deficiencia cualitativa de la vivienda, es decir, necesitan menos reparaciones, acabados o materiales.
Además, el estudio identificó que los hogares receptores cuentan en promedio con 1.89 activos duraderos adicionales que las familias que no reciben, como mayor adquisición de electrodomésticos, servicios de comunicación o transporte.