Fueron engañados para viajar a ese país y trabajar en un “programa oficial”, pero luego los obligaron a combatir. Uno de ellos ya falleció y su familia pide ayuda al Estado salvadoreño para repatriar su cuerpo, mientras que otros están desaparecidos.
María Ester espera en su casa, en el cantón Tecoluco Abajo de San Pedro Perulapán, en Cuscatlán, en la misma vivienda donde hace unos meses todavía convivió con Héctor Iván y Kevin Vladimir, ambos de apellidos Escobar Hernández, quienes entre diciembre de 2025 y febrero de 2026 decidieron aceptar una oferta laboral en Rusia sin saber que terminarían peleando en una guerra que no era suya y que dejarían a su madre con la angustia de volver a verlos, aunque sea una última vez.
Los hermanos Escobar Hernández son parte de un grupo de salvadoreños que fueron convencidos de participar en un “programa de contratación militar del Ministerio de Defensa de Rusia”, el cual, según el documento que les hicieron firmar, permite que extranjeros viajen y trabajen en Rusia para brindar apoyo en ese país, que se encuentra en guerra contra Ucrania desde febrero de 2022.
María Ester cuenta que sus dos hijos habían sido antes militares en El Salvador, pero que dejaron la Fuerza Armada porque su salario era muy bajo. Un día los contactó un hombre llamado Carlos Gallegos, quien les ofreció un trabajo formal en Rusia a cambio de una oferta que, según su madre, vieron como “la oportunidad de tener un futuro mejor”.
Según el contrato al que tuvo acceso LA PRENSA GRÁFICA, a los salvadoreños les ofrecían un bono de bienvenida de $20 mil, un salario mensual de $2 mil 800, asistencia sanitaria, seguro de vida, seguro de defunción, dos semanas de vacaciones pagadas cada seis meses, incentivos financieros por cada tarea completada y la posibilidad de que tanto ellos como sus familiares obtuvieran la nacionalidad rusa.