El juego de pelota de hule, practicado por culturas prehispánicas como los aztecas, olmecas y mayas hace más de 3,000 años, se mantiene vivo como resistencia cultural.
Jóvenes preservan el ritual que para muchos es el antecedente de los deportes de equipo como el fútbol, según explicaron jugadores y arqueólogos.
El juego tenía connotaciones rituales y políticas; según el desciframiento de la escritura maya, los perdedores eran sacrificados y el juego se usaba para dirimir diferencias territoriales entre gobernantes.
Los jugadores tocan la pelota de 3 a 4 kilos con cadera, muslos y codos, usando telas o pieles naturales para protegerse.
Prohibido por los conquistadores españoles, se practicó clandestinamente y hoy resurge como muestra de que el pasado prehispánico sigue en movimiento.